¿Y NOSOTROS?...

Junio 10, 2020.

El mundo de cabeza: economías paralizadas, gigantes con pies de barro, democracias tambaleantes, nuestros vecinos al borde del incendio social… Pensaría uno, queridos lectores, que algo de eso nos llamaría a la reflexión, a la cordura, o al menos al espanto. Pero no, mientras el mundo se quema, nosotros, como Nerón, andamos en nuestra propia tonada, con nuestra propia y bastante mala, por cierto, música.

Las tonadas son variadas pero invariablemente monótonas, aunque algunas sean escandalosas, indignantes: festejar todo traspiés del contrario, magnificarlo, exagerarlo, distorsionarlo. Inventar, lo que sea, que ya ni siquiera tiene que ser mínimamente creíble. Acusar complots y conspiraciones ajenos para ocultar las fallas y carencias propias. Y siempre, cuando los descubren en el acto, el pretexto que ya resultaba pueril en el patio de la primaria: “Es que él/ella empezó, Miss…”

El mundo se incendia y el presidente de la República ve moros con tranchete, o boas más bien flacuchas, pero advierte que la cosa es con su proyecto o contra él. En EU y Europa las protestas por la brutalidad policiaca paralizan ciudades, y el gobernador de Jalisco imagina hordas ocultas en los sótanos del poder, pero duerme tranquilo porque lo comparan con prohombres como Mariano Otero mientras su policía reprime e intimida. La otrora “agencia de noticias del Estado” hostiga a una periodista de renombre mientras incumple un fallo de la autoridad laboral federal. ¿Quién entra al quite? La Cancillería, en una pausa de sus labores migratorias, económicas y de comprador de última instancia de equipo para la pandemia.

Opositores van y vienen, con consignas cambiantes pero constantes: todo en contra del gobierno, pero pocas, si es que alguna, propuesta concreta. No vaya un ciudadano a atreverse a cuestionarlos, porque caerán sobre él/ella las hordas programadas y bien pagadas de las redes sociales. Ante un poquito de sarcasmo, la acusación de que se está en contra de la libertad de expresión. Ante un cuestionamiento cortés, una sarta de insultos y ataques personales: muchos de los que dicen defender la democracia y las libertades usan métodos curiosamente totalitarios. Y no puede uno evitar la pregunta: Si así son en la oposición, ¿cómo serían en el poder?

Todo esto mientras la tasa de muertos y contagiados va en ascenso, millones pierden sus empleos o fuentes de ingresos, pequeñas y medianas empresas truenan ante la presión de la nómina, los impactos anímicos y patológicos del confinamiento se acumulan, la rabia, la furia, la frustración, la incertidumbre y el miedo se acomodan en el mullido sillón que les hemos dispuesto en nuestros hogares, en nuestras mentes.

 ¿Y nosotros? ¿Qué hacemos mientras todo eso sucede?

Nos dejamos distraer, nos vamos con la nota del día y olvidamos lo sustancial, aprovechamos para reforzar nuestros prejuicios y preconcepciones en vez de mirar alrededor nuestro. Cada quien encuentra las noticias falsas que mejor le acomodan y las reproduce. Muchos lo hacen, lo hacemos, por desconocimiento, de buena fe, pero no falta el conocido o el amigo al que le creíamos todo, que las distribuye y festina con plena conciencia de lo que está haciendo.

Hay momentos únicos e irrepetibles en la historia. Este, sin duda, es uno de ellos, tal vez el más significativo de los que nos haya tocado vivir. Y se está literalmente televisando, transmitiendo en vivo y directo en las redes sociales, en los medios internacionales y nacionales, está a plena vista con solo asomarnos por el balcón.

Pero siempre habrá aquel que prefiera distraerse en lo anecdótico en vez de atender lo fundamental.

Como diría el clásico: cada quien…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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