VENEZUELA ¿HASTA CUANDO?

Mayo 1, 2019

Aparentemente de la nada, el anuncio de una asonada militar en Caracas nos puso a todos nuevamente atentos a la crisis que vive la muy sufrida Venezuela. En la madrugada del 30 de abril, el autoproclamado presidente Juan Guaidó anunció, con el opositor icónico Leopoldo López a su lado, el inicio de la así llamada “Operación Libertad” para derrocar de una vez por todas al igualmente autoproclamado (y repudiado) presidente Nicolás Maduro. El asunto no parecía menor: López había sido liberado del arresto domiciliario bajo el que lo mantenía el gobierno de Maduro, al parecer por militares simpatizantes de Guaidó, y en las primeras tomas de TV se creaba la impresión de que se trataba efectivamente de un golpe militar bien planeado.

Al momento de escribir estas líneas, todo parecía indicar que la tan cacareada “Operación Libertad” no había tenido el éxito esperado por sus autores ni por sus aliados estadounidenses. Las Fuerzas Armadas venezolanas se mantuvieron del lado de Maduro, la gente que salió a las calles a manifestarse fue brutalmente reprimida y Leopoldo López y su familia se habían mudado de la sede de la Embajada de Chile en Caracas a la de la Embajada de España, bajo la protección diplomática de ese gobierno.

Reinan en estos momentos confusión e incertidumbre en Venezuela. Tras el inicial fracaso de su asonada militar (similar en muchos aspectos a su fallida autoproclamación), Juan Guaidó ha llamado a los venezolanos a tomar las calles el 1 de mayo para continuar la lucha. Pero es probable que su intentona haya perdido impulso tras la decepción provocada entre sus adeptos por la falta de continuidad a las acciones del martes por la mañana. Su anuncio inicial, de la mano de López y con algunos militares al lado, daba la impresión de que el ejercito venezolano estaba al menos dividido en sus lealtades, pero en los hechos sus altos mandos terminaron respaldando una vez más a Maduro.

Queda la sensación de que existía una operación mucho mejor planeada y tal vez hasta pactada con algunos maduristas dispuestos a abandonar el barco, porque el Consejero de Seguridad Nacional estadounidense, el muy conocido John Bolton, declaró que tres personajes muy cercanos a Maduro habían concedido que este “tenía que irse”. Bolton se refirió directamente al Ministro de Defensa, al presidente del Tribunal Supremo y al comandante de la Guardia presidencial, dando a entender que estaban de acuerdo con el golpe de Guaidó, y terminó por decir que Maduro ya había aceptado huir del país cuando “Rusia lo convenció de quedarse”.
Ya en ocasiones anteriores me he referido a uno de los problemas subyacentes de la grave situación en Venezuela, la de la falta de legalidad y/o legitimidad del presidente de facto, Maduro, y del que lo es en su interpretación del texto constitucional, Guaidó. Resulta irrelevante el listado de las naciones que reconocen a uno u otro (o a ninguno) ya que refleja en su mayoría alineaciones diplomáticas favorables o antagónicas a las potencias extranjeras que están inmiscuidas hasta las narices en el conflicto.

A menos que durante la noche del martes o las primeras horas del miércoles suceda algo intempestivo, todo indica que una vez más la oposición en Venezuela se habrá quedado con las ganas de terminar con el chavismo y en especial con el brutal mandato de Nicolás Maduro. En esta ocasión, parece que se han precipitado o fueron embaucados, pues no tenían el apoyo necesario en las Fuerzas Armadas para intentar un golpe de esta magnitud. Queda también el cuestionamiento de si un movimiento que busca la restauración de la democracia debe recurrir a la fuerza para lograr sus objetivos. Y del rol de EEUU ni qué decir, una vez más ha sido mucha retórica y una muy deficiente operación político/diplomática de parte de Bolton y de su contlapache Elliott Abrams, encargado por Trump de los asuntos venezolanos.

Maduro ha sobrevivido una vez más, pero quedan dudas acerca de su liderazgo y de su liderazgo y de su capacidad para mantener unidos a los mandos militares que deben ya estar deseando alguna salida decorosa que les permita conservar el poder o al menos protegerse las espaldas si cae finalmente este gobierno que ya ha perdido toda legitimidad interna y externa.

Los perdedores, una vez más, son los venezolanos, que seguirán soportando carencias, escasez y la falta de esperanza a la que los han llevado las obsesiones de un aprendiz de dictador como lo es el Nicolás Maduro.
Pobre Venezuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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