MEDIOS, DINERO Y PODER EN MÉXICO

Diciembre 27, 2017

Solo si está usted en ayuno noticioso, caro lector, no se habrá enterado de que el New York Times publicó un amplio reportaje de su corresponsal en México, Azam Ahmed, acerca de la manera en que el gobierno federal utiliza su gasto en publicidad para tratar de influir o controlar la cobertura que de él hacen los medios de comunicación.

En su texto, Ahmed se concentra en tres medios impresos de larga trayectoria y presencia nacional: La Jornada, Milenio y El Universal. Toca solo por encima el tema de la publicidad de gobiernos estatales y apenas de pasada el que gobiernos federal, estatales y municipales destinan a medios electrónicos. No aborda tampoco la real o presunta injerencia política de grupos empresariales que gastan grandes cantidades en publicidad en los medios de su elección. El reportaje deja de lado la influencia y/o circulación real de los medios a los que se refiere así como algo que por obvias razones a mi me parece muy importante: el de los contenidos editoriales o de opinión, como éste.

No digo lo anterior como crítica ni mucho menos para descalificar al reportaje. Ya Milenio y El Universal respondieron y no me corresponde a mi hablar por ellos: solo puedo decir que en más de nueve años de colaboración editorial en esta casa solo he recibido respeto y absoluta libertad. Cierto, no soy reportero, solo un articulista, pero jamás he tenido ya no digamos presión, ni siquiera una insinuación acerca de los contenidos, postura o tendencia de mis textos. Y mi breve separación del diario este año estuvo directamente relacionada con un alto directivo que logró ahuyentar a otros talentos y plumas valiosas, hasta que finalmente el ahuyentado fue él. A su salida tuve la oportunidad de regresar a estas paginas, para fortuna mía y desgracia de mis lectores.

Pero les decía que no es mi intención descalificar lo publicado por Azam Ahmed por una sencilla razón: espero que ayudará a provocar un debate serio y profundo acerca de las libertades; el papel que juegan los distintos actores que influyen en la conducta y la cobertura de los medios de comunicación en México; los mitos y realidades que rodean el trabajo periodístico así como el largo y sinuoso camino (dirían Lennon y McCartney) que ha tenido que recorrer nuestro país para llegar a donde está en términos de democracia, derechos individuales y colectivos, libertad de expresión y tantas otras cosas que hoy damos por sentadas.

En este debate (que ojalá mantenga a raya a los muchos que ya traen sus intereses partidistas/electorales en el bolsillo) habrá que darle su justo crédito a quienes han ejercido periodismo libre no solo ahora, que se puede perder un contrato, sino cuando
la cárcel o el exilio podían ser la consecuencia a una postura crítica. Un debate en que se hable de los héroes que mueren hoy en día, asesinados por el narco por negarse a seguir sus indicaciones. Uno que le dé su lugar al Excélsior de Julio Scherer; que analice dos casos paradigmáticos, el de Proceso y Reforma; que le dé su lugar a Carmen Aristegui, a Animal Político; un debate que ponga a prueba también la seriedad y veracidad de quienes sí realmente son y quienes solo se dicen victimas de la censura o represión.

Habrá que meterse a fondo a ver donde hay dinero del crimen organizado; qué papel juegan los subsidios de gobiernos de los estados a los medios en sus entidades; a estudiar la manera en que tantas voces, de reporteros, articulistas y opinadores, encuentran espacio y difusión en medios que son independientes entre sí, con lo cual disminuye (por supuesto que NO se elimina) la posibilidad de presionarlos o silenciarlos.

En fin, la lista es interminable y una discusión seria, con sustento y sin agendas ocultas me parece indispensable. Bien por el señor Ahmed por abordar el tema, bien por los medios aludidos que le respondieron en detalle, bien por todos los que se suban a analizar el asunto sin etiquetas, sin descalificaciones y sin subirse a peldaños morales que les pueden quedar grandes.

A todos los que lean esto, mi agradecimiento y mis mejores deseos para que el año que viene sea mucho mejor que éste que ya, por suerte, se va.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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