LAS CONSECUENCIAS

23 /Feb/ 2009

Leemos todos los días tantas y tan malas noticias acerca de la crisis financiera internacional y sus repercusiones que pareciera un pozo sin fondo.
Si bien el panorama en otros países parece ser mucho más sombrío que en el nuestro, las discusiones localistas arrecian y entre quien critica el catastrofismo de unos y quien ve mal el optimismo de otros, nadie encuentra ni el tiempo ni la claridad para pensar un poco más allá del encabezado o de la nota trágica o positiva del día.

Esta crisis tendrá efectos que trascienden con mucho el impacto inmediato y ciertamente traumático de cierres de empresas, pérdida de empleos, devaluaciones o ahorros e inversiones pulverizadas. Lo que está en juego es la posibilidad de que el capitalismo, tan bueno siempre para reinventarse y darle la vuelta a quienes lo han dado por muerto, pueda, a la luz de la debacle actual, encontrar una salida que le asegure vigencia para el futuro.

No es cosa menor. Por todo el globo, desde Nueva York hasta comunidades pequeñas en el mundo en desarrollo, se sienten los efectos de un cataclismo que si algo ha logrado es demostrar que la globalización alcanza los puntos más remotos y supuestamente aislados.

No hay quien esté a salvo de las repercusiones: lo mismo un profesor jubilado en EU que mira aterrado cómo su fondo de pensiones pierde valor todos los días que un policía británico que creía estar haciendo una gran inversión en Islandia; un campesino mexicano que escucha que su principal sostén económico, su pariente en EU, ha perdido su empleo, que el trabajador en India que se entera de la quiebra de la empresa que lo empleaba, a miles y miles de kilómetros de distancia.

Pequeñas aldeas que sobrevivían gracias a las remesas u otrora poderosos sindicatos del sector automotriz, todos lo sufren en carne propia y ni siquiera saben bien a bien a quién culpar o a quién encomendarse.

Los presidentes saliente y entrante de EU no vieron más remedio que aventarle dinero a la crisis, y más dinero, y más y más. Un billón y medio de dólares (un trillón y medio en inglés) es lo que se ha acordado hasta el momento, y la maquinita de hacer dinero está trabajando turnos extraordinarios.

Los mismos que antes aconsejaban la prudencia fiscal y reprendían a los países tercermundistas que creían en el gasto público como motor del desarrollo son los que ahora imprimen dólares sin cesar.

La única y nada despreciable diferencia es que ellos sí son los dueños de la maquinita y que su capacidad de respuesta —en términos de hacer dinero— es absoluta y completamente ilimitada.

Ilimitados son también el rencor y la desconfianza de muchos alrededor del mundo que han puesto la vista sobre los banqueros y los grandes consorcios para culparlos y buscar algún tipo de retribución, mientras que otros se regodean con lo que parece ser el colapso de un sistema que repudian ideológicamente. Los que sobreviven en las izquierdas —extremas y moderadas— pueden encontrar satisfacción y hasta reivindicación con lo que hoy sucede, pero sólo podrán sentirse verdaderamente satisfechos si también encuentran propuestas y recetas que vayan más allá del simple regreso al pasado.

Keynes no ha muerto, claro está, pero tampoco el capitalismo moderno.

Lo que sí parece enterrado es un modelo de liberalismo a ultranza que planteaba el absurdo de mercados que se regulaban a sí mismos, de gobiernos que se replegaban sin cesar, de Estados que abjuraban de sus compromisos y responsabilidades con sus pueblos, con sus economías, con sus sociedades.

Es demasiado pronto para aventurar qué es lo que resultará del actual tiradero mundial, pero ciertamente parece configurarse una nueva y diferente forma de hacer las cosas, con mayores controles, mejores reglas y una aplicación más severa de las mismas.

El modelo de la escuelita abierta y libre terminó por agotarse: todos los alumnos acabaron haciendo lo que querían y comiéndose el lunch de los demás.

Es hora de que regresen el director y los maestros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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