EL ULTIMO LIBERAL

22 /Oct/ 2012

Dicen los clásicos que nadie puede afirmar que fue feliz sino hasta el momento final de su vida, y aun así la frase me parece aventurada. La felicidad no es un instante, ni siquiera un conjunto de instantes venturosos o de temporadas propicias, ni es tampoco una suerte de balanza en la que se pesan de un lado las alegrías y del otro las tristezas para determinar el grado o no de felicidad de una persona.

Si alguien entendía bien de eso, era George McGovern, el político de Dakota del Sur que probablemente más hizo por la causa del liberalismo de izquierda estadounidense en el medio siglo pasado, y que será más recordado en los obituarios por haber sido el candidato presidencial Demócrata que perdió estrepitosamente ante Richard Nixon en 1972.

Pocas veces una elección presidencial ha sido tan dispareja en su conducción y en sus resultados. El presidente Nixon no tenía la más mínima intención de desalojar la Casa Blanca y echó mano de los trucos y delitos más viles para derrotar a su contrincante. Desde el espionaje deliberado a las oficinas centrales del partido Demócrata en el edificio de Watergate (que conduciría al escandalo del mismo nombre) hasta el sacar a la luz pública los archivos médico/psiquiátricos del compañero de formula de McGovern, Lawrence Eagleton, quien había recibido tratamiento antidepresivo que incluyó electroshocks, el “Comité para Reelegir al Presidente Nixon” no se tentó el corazón.

Nixon arrasó con McGovern, cuya plataforma pacifista y socialmente progresista prometía terminar la Guerra de Vietnam, otorgarle amnistía a los miles que por motivos de conciencia habían evadido el servicio militar, combatir a la pobreza, elevar los salarios, aumentar los impuestos a las grandes corporaciones, establecer relaciones diplomáticas con China y Cuba, descriminalizar la mariguana, además de que contenía posiciones de avanzada en materia de derechos civiles, respeto a las mujeres y a las minorías.

De principio a fin, la campaña de McGovern fue un desastre. Desde la convención del partido que se prolongó hasta la madrugada e hizo que su discurso de aceptación ocurriera a las 3am hasta su fallido manejo de la crisis de los archivos médicos de su candidato a vicepresidente, a quien terminó relevando después de afirmar que lo apoyaba al “mil por ciento”, McGovern no fue capaz de articular un discurso que tranquilizara a las clases medias temerosas de a quien Nixon y los suyos caracterizaban como un traidor, un pacifista, un izquierdista. Al final, McGovern obtuvo solo el 38% del voto popular y 17 votos en el Colegio Electoral, contra 520 de Nixon.

Entre las muchas paradojas que marcaron su vida, no son menores las relacionadas con esa campaña presidencial: el “pacifista” era un héroe condecorado de la Segunda Guerra Mundial, y las trampas utilizadas por Nixon no salieron a la luz sino hasta pasada la elección y terminaron costándole la presidencia.

La mayor derrota electoral de los Demócratas fue atribuida por muchos a la manera en que McGovern recorrió a ese partido a la izquierda, alejándolo de su base tradicional obrera y sindicalista y abriéndolo a las minorías, a las mujeres, y a un autentico arcoíris de ciudadanos, activistas y organizaciones civiles.

Aunque mal candidato, tuvo la visión para transformar a su partido y ponerlo a tono para la siguiente media centuria. Formó a jóvenes notables como Bill Clinton y Hillary Rodham, y con ellos a toda una generación que ahí cobró conciencia política y social, y que desde la llegada de Clinton a la Casa Blanca ha forjado la agenda demócrata/liberal de EEUU. Muchos de sus puntos centrales, todavía hoy, son los que McGovern propuso en 1972.

Congruente en su vida personal y pública, George McGovern continuó su carrera en el senado, y como activista que lo fue de siempre en materia de alimentación, fungiendo como embajador de EEUU ante la FAO y fue el primer “embajador global” de la ONU contra el hambre y la desnutrición. Sufrió la muerte de dos de sus hijos por males relacionados con el alcoholismo, y escribió un conmovedor libro acerca de los padecimientos y dramática muerte de su hija Terry.

A propósito de la felicidad, alguna vez reflexionó que si bien nunca superó su derrota en la contienda presidencial, logró “ser feliz el 90% del tiempo”.

George McGovern falleció ayer domingo en su estado natal de Dakota del Sur, a los noventa años. Barack Obama y Mitt Romney expresaron sus respetos en sus respectivas cuentas de Twitter.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Content for New Div Tag Goe s Her

e