ELECCIONES, GIRAS Y DESAPARICIONES

17/Mayo/ 2010

En un fin de semana lleno de noticias, como este que acaba de pasar, es imposible ignorar la coyuntura para dedicarse solamente a la reflexión. Si acaso, tratar de combinarlas.

La jornada electoral que se celebró el domingo en Yucatán inaugura el intenso año de votaciones que es el 2010 y también nos da primeros indicios de cómo andan los ánimos y las fortunas de cada uno de los partidos nacionales que compitieron en la península y que lo harán en algo así como una docena de entidades en todo el país en lo que resta del año.

Los primeros conteos y las encuestas de salida indican que el PRI habrá obtenido una cómoda victoria en el municipio capitalino de Mérida, poniendo fin —de confirmarse las tendencias— a un largo periodo de dominio del PAN en esa ciudad, que le sirvió de preludio en su momento para hacerse de la gubernatura en las elecciones antepasadas. Ahora las cosas parecen darse a la inversa, habiendo ganado el PRI la gubernatura recientemente y abriendo así el camino a la reconquista electoral de la ciudad principal de Yucatán.

Vendrán ahora las interpretaciones, los análisis, la repartición de méritos y de culpas. Sobrarán quienes afirmen que este es un anticipo de lo que sucederá en los demás procesos electorales en julio próximo y otros buscarán explicar que la jornada yucateca fue atípica y que no debemos leer más allá del resultado inmediato. Se antoja absurdo pretender adivinar lo que vendrá en julio o, para ese caso, en el 2012. Hace seis años cualquier vaticinio basado en los resultados electorales del momento (o, para ese caso, del año anterior y del siguiente) habría sido erróneo.

Lo que sí podemos afirmar, con base en las tendencias de la votación yucateca, es que el PRI se encuentra en un muy buen momento y trae la inercia de su lado, mientras que el PAN continúa en picada merced a sus pobres liderazgos, sus selecciones de candidatos y el descrédito generalizado de un partido que parece decidido a volver a sus orígenes, los de la oposición, al costo que sea.

Programada, aunque con menor antelación, la gira internacional del presidente Felipe Calderón, que lo llevó en primera escala a España y que culminará el próximo jueves en Washington. Yo soy de los que creen que los presidentes hacen bien en viajar y en promover al país más allá de sus fronteras, al mismo tiempo que estoy consciente de los límites prácticos que puede tener una visita como ésta, y de lo poco que en términos concretos y contantes y sonantes puede lograrse en ella. Sin embargo, celebro que el Presidente mexicano haga este viaje aunque no deja de llamarme la atención que sea hasta iniciado el cuarto año de su gobierno que se dé finalmente una visita de Estado a Washington, con todo lo que conlleva en términos de protocolo, cierto, pero también de peso político. Es mucho lo que tenemos pendiente allá y es importante que nos vean y nos escuchen. Más vale tarde que nunca.

La gira del Presidente arrancó bajo la sombra de una preocupante noticia, la de la desaparición de Diego Fernández de Cevallos en Querétaro. No se conoce al momento de escribir estas líneas el paradero del abogado, militante panista y personaje público que tanta influencia y peso ha tenido en las últimas décadas en este país. Lo que sí está claro es el impacto que ha tenido la noticia y las reacciones que ha generado en la opinión pública, entre la clase política y por supuesto hacia adentro de su partido y del gobierno federal. La abrumadora mayoría de las opiniones y comentarios coincide en la consternación y los buenos deseos, y no deja de ser llamativo que muchas de las más claras expresiones de solidaridad y apoyo vengan de antiguos contrincantes y de figuras de otros partidos políticos.

Lamentables las reacciones de otros que han tratado de sacar raja del acontecimiento o inflarse a sí mismos esparciendo rumores y versiones no confirmadas de los hechos. Observamos este fenómeno sobre todo en las redes sociales, donde leemos lo mismo muestras de gran madurez y serenidad que, en el otro extremo, de estulticia y oportunismo.

Pero antes de emitir juicios sumarios acerca de la confiabilidad —o falta de ella— de los Twitters y los Facebooks, hay que recordar que los responsables del ingenio, del talento o de la tontería son los que escriben, y los que les creen…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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